Juan Vicente BOO/ABC
El principal colaborador del Papa para defender la Familia a nivel mundial, Cardenal Antonelli, es un hombre sereno y sonriente, que conoce muy bien España, pues ha viajado ya a una docena de ciudades.
El principal colaborador del Papa para defender la Familia a nivel mundial, Cardenal Antonelli, es un hombre sereno y sonriente, que conoce muy bien España, pues ha viajado ya a una docena de ciudades.
A algunas varias veces, como es el caso de Barcelona, donde acompañó el pasado 7 de noviembre a Benedicto XVI en la apertura al culto del templo dedicado precisamente a la Sagrada Familia. El cardenal Ennio Antonelli, de 74 años, preside desde junio de 2008 el Pontificio Consejo para la Familia en el Vaticano.
—Eminencia, ¿acudirá también este año a Madrid?
—Naturalmente. La Misa de las Familias de 2010 fue extraordinaria tanto en su riqueza espiritual como litúrgica. Me impresionó ver a tantas familias con niños comportándose de modo impecable a pesar de las dificultades de los viajes, del frío...
—El Papa dirigirá hoy de nuevo un mensaje televisivo en directo a los participantes. ¿Qué significa este interés personal del Santo Padre?
—Es necesario y urgente defender y revalorizar la familia: es un bien fundamental para las personas, para la sociedad y para la Iglesia.
—¿Cuál es la esperanza del Papa para las familias españolas?
—No he hablado con el Santo Padre del caso específico de su país. Pero estoy seguro de que desea para España familias unidas, alegres por la presencia de hijos, portadoras de auténticos valores humanos y cristianos.
—La multitudinaria Misa de las Familias, ¿es una concentración «en contra» o «a favor»?
—Es una asamblea de oración para alabar a Dios, darles gracias y obtener de Él una nueva efusión de su Espíritu de verdad y amor sobre las familias y sobre la sociedad europea.
—Durante su visita a la Sagrada Familia, Benedicto XVI pidió más ayudas del Estado para los matrimonios con hijos. ¿Es ésta una materia de justicia social?
—Engendrar y educar hijos es una contribución vital a la cohesión y al desarrollo de la sociedad. Es justo y obligado proporcionar un apoyo adecuado. Es más, hoy es urgente incentivar la natalidad. Una política miope en esa área podría pasar una factura muy cara en un futuro próximo.
—El Papa se refirió al matrimonio «de un hombre y una mujer». ¿Es necesario recordarlo todas las veces?
—El matrimonio hombre-mujer es una institución de interés público. No debe equipararse ni confundirse con otras formas de convivencia de interés privado. No es justo reducir la familia a una suma de individuos y de necesidades individuales.
—¿Se ha vuelto esencial mejorar la preparación al matrimonio?
—Es necesario que sea cada vez más un itinerario de tipo catecumenal, doctrinal y práctico para consolidar e intensificar la relación personal con Jesucristo, mejorar el diálogo de pareja, descubrir la belleza del matrimonio cristiano, ejercitarse en la vida cristiana e insertarse de modo concreto en la comunidad eclesial.
—España e Italia son los países europeos de menor natalidad, insuficiente para mantener a su población. ¿Puede este problema reflejar la falta de apoyo a las familias?
—Ante todo es necesario revalorizar culturalmente la paternidad y la maternidad, así como el trabajo de cuidar la casa. Además hay que asegurar el apoyo económico y los servicios adecuados.
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